Adéu

Se va Mas. Por lo menos, se va de momento, porque ya ha dicho que da “un paso a un lado” pero sin abandonar la política. Aún no ha aclarado si dejará o no su acta de diputado en el Parlament. Lo que ya es seguro es que el president dejará este domingo el gobierno catalán como si de un mártir se tratase, facilitando (o eso debemos suponer) la continuidad de la vía separatista.

El que acabó con casi 40 años de federación de CiU, el que partió por la mitad a la fantasmagórica Unió, el que dividió a la CUP y, en definitiva, el que enfrentó entre sí al pueblo catalán, se marcha de la primera plana. Mañana habrá un nuevo president mientras el Estado sigue en pausa: Diputación Permanente en ambas cámaras legislativas y Gobierno en funciones.

La hoja de ruta independentista prevé hacer efectiva la secesión catalana en 18 meses. Entre tanto, un nuevo Gobierno de España deberá nacer y gestionar la crisis al otro lado del Ebro; objetivo solo asumible con estabilidad política. Y eso, a día de hoy, parece más una quimera que una opción factible.

De momento, Mas se va.

La tarea se trae hecha de casa

Rajoy Moncloa

A todos nos ha pasado más de una vez. Por uno u otro motivo, llegamos a clase y, justo cuando el profesor entra por la puerta, nos percatamos de que se nos ha olvidado hacer un ejercicio o, para mayor tragedia, toda la tarea. Entonces, cual correcaminos, intentamos enmendar el error a toda prisa y hacer los deberes como bien podamos, antes de que el profe nos pille con las manos en la masa. Lo que se dice hacer las cosas al trancazo, vamos.

Lo mismo le ha pasado a Rajoy esta semana. Tuvo que escuchar un “viva la república catalana” en el Parlament y presenciar el comienzo de la desconexión soberanista con el Estado para ponerse las pilas. El profesor dio tiempo de sobra a sus alumnos para hacer la tarea con calma y cuidado —tres años, concretamente—, pero el presidente del Gobierno no se dio por enterado hasta que sonó el timbre para entrar en clase. Ahora, deprisa y corriendo, Rajoy está convocado a todos los líderes de los partidos políticos en la Moncloa para buscar aliados frente al independentismo catalán. Está con la soga al cuello. El examen final está fijado para el 20 de diciembre y, si no intenta arreglar las cosas, se puede encontrar con un 5 raspado que, vaya por Dios, puede que no le dé para la nota media.

¿Sirve realmente de algo citar a Sánchez, Rivera, Iglesias, Cospedal, Garzón, Herzog y Duran i Lleida? Tres de ellos no están por la labor de cerrarse en banda ante el independentismo, mientras que el resto (obviando la lealtadad de su secretaria general) defiende la unidad de España a través de una reestructuración del Estado? Federico Quevedo escribía este viernes en El Confidencial que la reacción del presidente del Gobierno sobre Cataluña puede otorgarle en diciembre una cómoda representación en el Congreso que le permita repetir mandato, no descartando, incluso, revalidar la mayoría absoluta. Tengo mis dudas. Hacer la tarea a última hora no suele, por lo general, sacar el curso con un sobresaliente.