Cambio de cartas

A estas alturas de la película electoral a pocos sorprende la decisión de Mr Rajoy de huir de los debates a cuatro con Sánchez, Rivera e Iglesias. Sin embargo, no es menos cierto que la postura del aún presidente del Gobierno choca con aquellas afirmaciones de los líderes populares reconociendo, tras el batacazo autonómico y municipal de mayo, que les había “faltado piel”. ¿Qué lógica tiene lamentar la poca capacidad de comunicación y, meses después, esquivar los debates electorales con sus principales adversarios? ¿De qué sirve dejarse ver por todo un abanico de programas televisivos y radiofónicos más próximos al entretenimiento cuando el presidente de un grupo parlamentario con mayoría absoluta es incapaz de sentarse a confrontar ideas con sus rivales?

Muchos pueden ser los motivos por los que Rajoy ha rechazado participar en los debates a cuatro fijados, hasta ahora, por El PaísAtresmedia. Plasmémolos, si gustan, en una lista:

Rajoy no va al debate porque….

  • Teme someterse al todos contra él.
  • No goza de la capacidad oratoria de Sánchez, Rivera e Iglesias.
  • El contraste generacional sería sonrojante.
  • Soraya será la líder de la oposición en la próxima legislatura.
  • Soraya es realmente quien controla el programa electoral del PP.
  • Soraya, en definitiva, es mejor.

Sí, pero… ¿Soraya da más votos que Rajoy? Las elecciones generales en España son percibidas por la inmensa mayoría de la población como unas elecciones presidenciales. Soraya va de número 2 al Congreso por Madrid. Los votantes del PP acudirán a las urnas pensando en Rajoy, no en ella, por lo que sería lógico que la persona que diera la cara en campaña fuera el presidente del partido.

Puede que a estas alturas se hayan hecho un lío como yo y no sepan si la ausencia de Rajoy beneficia a los otros tres o les perjudica por la mejorada imagen que dará la vicepresidenta del Gobierno. ¿Saben qué? Esperemos al próximo 7 de diciembre. Tres hombres se batirán a duelo contra una sola mujer. ¿Saldrá triunfante de cara a los próximos cuatro años?

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Adiós, señor Mas

Artur Mas solo Foto: El Confidencial (EFE).

Llega otro 9-N histórico en Cataluña. El año pasado, el simulacro de consulta sobre el futuro político de la comunidad. Este 2015, dos inicios: uno, el del procés hacia la República Catalana; otro, el principio del fin de Artur Mas. La cita es en el Parlament en dos tandas. Por la mañana, la cámara autonómica marcará un antes y un después en su relación con el Estado —¿quitarán la bandera de España del hemiciclo?—. Por la tarde, el presidente en funciones defenderá, como candidato, su programa para ser investido. Será una mera declaración de intenciones, porque todo el mundo da prácticamente por finiquitada la vida política de Mas. La negativa de la CUP a apoyar su investidura derivará en la propuesta de otro candidato, algo difícil, o en unas temidas nuevas elecciones en marzo, donde probablemente volverá a evidenciarse la pérdida de poder de CDC.

El desafío soberanista se está llevando por delante a su principal cartel, algo que debería preocupar en Madrid si se tiene en cuenta que los nuevos líderes del procés, la izquierda independentista, ha expresado por activa y por pasiva su intención de desobedecer al Estado. Con un Gobierno más dialogante en la Moncloa, quizás Mas hubiese cedido en sus pretensiones, pero con ERC y la CUP al mando, no habrá Sánchez ni Iglesias que puedan arreglar eso. Y eso, sinceramente, puede hacer templar a España. Mientras tanto, “adiós, señor Mas”.

Coleta morada hacerse un lío

Pablo Iglesias vino a divertirse a El Hormiguero
Pablo Iglesias, este miércoles en “El Hormiguero 3.0”.

La política tiene esas cosas. Un día dices en televisión que no te gustan los toros pero que no piensas “podarlos” y al día siguiente anuncias el fichaje de un exjefe del Estado Mayor de la Defensa (máxima autoridad militar si exceptuamos al ministro del ramo y al rey) para las elecciones. Y, vaya por Dios, ese mismo día se conoce que te presentas en coalición al Senado por Navarra con Bildu.

Así están las cosas en Podemos. Quién iba a decir que Pablo Iglesias se negaría a condenar públicamente la tauromaquia o que su partido ficharía a toda una antigua autoridad militar (afortunadamente, los militares en activo no pueden presentarse a las elecciones) y, al mismo tiempo, pactaría con la izquierda abertzale.

Cosas como estas complican esbozar un retrato del votante medio de Podemos. Las contradicciones ideológicas de la formación morada, que aún a día de hoy resiste a ser considerada de izquierdas, pueden pasarle factura en las elecciones de diciembre si persisten en atraer simpatizantes de todos los ámbitos de la sociedad a toda prisa para intentar remontar en las encuestas. Los errores suelen pagarse muy caros. Y más en este 2015. Cataluña ya avisó.