Congreso, capítulo II

Foto: EFE

Hoy no ha habido bebés. Tampoco txarangas valencianas ni otros tantos espectáculos. Después aquel extraño 13 de enero, sus señorías acudían este 19 de julio a un descafeinado día de la marmota en el Congreso. La constitución de la Cámara baja nos deja dos momentos pintorescos. Por un lado, la bochornosa incapacidad de la izquierda (mayoritaria en el hemiciclo) para consensuar un candidato alternativo a Ana Pastor con el que poder presidir un órgano legislativo, que previsiblemente, atará de pies y manos al nuevo Gobierno.

Por otro, la nueva presidenta, la segunda mujer de la historia en presidir el Congreso de los Diputados. A nadie se le escapa que Ana Pastor posee un perfil poco polémico y no mal visto por una gran parte de las fuerzas políticas. Sin embargo, a pesar de haber formado parte en otra ocasión la Mesa del Congreso, tiene una mentalidad más ejecutiva que legislativa. Bastó escuchar el discurso de este martes tras su elección como tercera autoridad del Estado: un desafortunado speech más propio de una rueda de prensa tras un Consejo de Ministros cualquiera del PP que de una presidenta del Parlamento. Aún así, de Ana Pastor se espera que obre con buen hacer y cordura. O, al menos, que lo haga mejor que el inexperto Patxi López en su breve mandato. Tampoco es tan difícil.

Con las Cortes constituidas, las miradas vuelven a centrarse en el calvario para la formación de un Gobierno. Hoy parece más claro que ayer que Rajoy acabará siendo investido con el beneplácito de Ciudadanos, PNV, CC y, quizás, CDC. No obstante, el mandato de Rajoy va a estar marcado por una inestabilidad clara, y es muy difícil, por no decir imposible, que logre completar una legislatura de cuatro años. Tiempo al tiempo.

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Sálvese, soldado Sánchez

pedro sanchez

“Si el PSOE no gana las elecciones, para mí será un fracaso.” Así de contundente se mostró Pedro Sánchez la semana pasada, a pocos días de acabar la campaña. Se lo podía haber ahorrado. Prácticamente ninguna encuesta le daba a los socialistas la victoria en los comicios del 20 de diciembre. Evidentemente, no fallaron. El PSOE se hundió hasta los 90 escaños, veinte menos que los estrepitosos 110 de Rubalcaba. Ciertamente, el contexto actual era muy distinto al de 2011, pero el batacazo del principal partido de la oposición ha sido clamoroso.

Así pues, Pedro Sánchez ha conducido al PSOE a sus peores resultados en la reciente historia democrática española. Sin embargo, la fragmentación del Congreso ha propiciado que el líder de los socialistas tenga en sus manos el futuro del país. Sus 90 diputados (89, si excluimos a Pedro Quevedo, de Nueva Canarias, que ya veremos lo que acaba haciendo) tienen dos opciones igual de complicadas y dolorosas. Por un lado, pueden facilitar mediante la abstención la investidura de Mariano Rajoy o de otro líder del Partido Popular, algo que ya se han apresurado a descartar tajantemente. Por el otro, pueden buscar una alianza multipartita con Podemos y las fuerzas nacionalistas e independentistas para conformar un gobierno de izquierdas. Grave dilema. Salvar al soldado Sánchez se antoja muy complicado cuando las dos opciones pasan por traicionar a sus votantes: permitir un nuevo gobierno de derechas o aceptar un referéndum de autodeterminación en Cataluña, con todo lo que ambas cosas conllevarían.

La otra posibilidad tampoco parece atractiva. Propiciar una repetición de los comicios les haría perder muchos apoyos entre su electorado. El tradicional centro-izquierda socialista tendería a huir hacia una hipotética zona de confort del PP, mientras que el ala más progresista se escabulliría hacia Podemos.

Con todo, el último recurso pasa por enviar a Pedro de vuelta a las aulas universitarias. No redimirá a la nación, pero podrá resguardarse de cualquier bala inesperada. Sálvese, señor Sánchez, aún está a tiempo.

Cortes

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Por sorprendente que lo parezca, este domingo no elegimos al próximo presidente del Gobierno de España. Los grandes partidos llevan vendiendo desde el comienzo de la Transición que las elecciones generales en España son presidenciales, donde la confianza de los ciudadanos quedaba depositada en uno de los cabezas de lista de los grandes partidos. En este ocasión, con la aparición de nuevas fuerzas mayoritarias, la situación se ha repetido. No, no habrá candidato a presidente del Gobierno hasta que el Rey se lo comunique al presidente del Congreso, algo que, con suerte, ocurrirá a finales de enero.

Conviene recordar que este 20D elegimos a los diputados y senadores que nos representarán directamente en las Cortes Generales la próxima Legislatura. Y, salvo que usted esté censado en Madrid, no podrá votar a ninguno de los “grandes”: Rajoy, Sánchez, Iglesias, Rivera, Garzón o Herzog. Paradojas de la vida, ni Albert ni Alberto podrán votarse a sí mismo. La obsesión por escenificar unas elecciones presidenciales ha llevado a los líderes de Ciudadanos y Unidad Popular a presentarse por Madrid a pesar de no estar censados en esta circunscripción. En el caso de Garzón se pudiera entender, porque con el auge de Podemos le sería difícil salir elegido diputado por su tierra, Málaga. Sin embargo, Rivera tendría asegurado su escaño por Barcelona.

Con todo ello, cuando vayamos este domingo a nuestro colegio electoral, pensemos en los nombres de los diputados y senadores que queremos que sean nuestra voz en las Cortes. Ya lo del presidente del Gobierno será otro cantar. Ah, y no se líen con la papeleta del Senado. Disfrutemos de la única oportunidad que se nos brinda de votar listas abiertas.