Congreso, capítulo II

Foto: EFE

Hoy no ha habido bebés. Tampoco txarangas valencianas ni otros tantos espectáculos. Después aquel extraño 13 de enero, sus señorías acudían este 19 de julio a un descafeinado día de la marmota en el Congreso. La constitución de la Cámara baja nos deja dos momentos pintorescos. Por un lado, la bochornosa incapacidad de la izquierda (mayoritaria en el hemiciclo) para consensuar un candidato alternativo a Ana Pastor con el que poder presidir un órgano legislativo, que previsiblemente, atará de pies y manos al nuevo Gobierno.

Por otro, la nueva presidenta, la segunda mujer de la historia en presidir el Congreso de los Diputados. A nadie se le escapa que Ana Pastor posee un perfil poco polémico y no mal visto por una gran parte de las fuerzas políticas. Sin embargo, a pesar de haber formado parte en otra ocasión la Mesa del Congreso, tiene una mentalidad más ejecutiva que legislativa. Bastó escuchar el discurso de este martes tras su elección como tercera autoridad del Estado: un desafortunado speech más propio de una rueda de prensa tras un Consejo de Ministros cualquiera del PP que de una presidenta del Parlamento. Aún así, de Ana Pastor se espera que obre con buen hacer y cordura. O, al menos, que lo haga mejor que el inexperto Patxi López en su breve mandato. Tampoco es tan difícil.

Con las Cortes constituidas, las miradas vuelven a centrarse en el calvario para la formación de un Gobierno. Hoy parece más claro que ayer que Rajoy acabará siendo investido con el beneplácito de Ciudadanos, PNV, CC y, quizás, CDC. No obstante, el mandato de Rajoy va a estar marcado por una inestabilidad clara, y es muy difícil, por no decir imposible, que logre completar una legislatura de cuatro años. Tiempo al tiempo.

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Abocados al desastre

Investidura Pedro Sánchez

“Dicen los viejos que hacemos lo que nos da la gana, y no es posible que así pueda haber Gobierno que gobierne nada.”

Jarcha, 1976

Nunca un candidato a la Presidencia del Gobierno cosechó en un debate de investidura la demoledora cifra de 219 noes. El fracaso de Pedro Sánchez en este gris 2 de marzo amenaza no solo con repetirse el viernes, sino con prorrogarse en el tiempo. Los duros rifirrafes vivimos en el hemiciclo entre el candidato socialista y Mariano Rajoy alejan mucho la posibilidad de una abstención futura del PP para facilitar el arranque efectivo de la legislatura. Y, también, los reproches de Pablo Iglesias, que llegó a acusar a Felipe González de tener “el pasado manchado de cal viva” por el caso de los GAL, hacen difícil imaginar una convivencia amena entre Podemos y PSOE en un hipotético “Gobierno de las fuerzas del cambio”.

Acaba de comenzar a correr la cuenta atrás hasta el 2 de mayo, pero en el día 1 antes de la disolución de las Cortes se han esfumado muchas esperanzas de acuerdo. Ciudadanos no conseguirá la abstención del PP salvo que la corrupción se lleve por delante a Rajoy, algo improbable porque en su partido nadie se atreve a toserle en público. Y el pacto de izquierdas, además de no sumar sin contar con los independentistas catalanes, no tiene viso de llegar a buen término. Ni el PSOE quiere a Pablo Iglesias ni Podemos quiere a los socialistas.

Por tanto, la duda ahora es saber cuál será el próximo paso. Una opción es que Ferraz se cargue a Sánchez. La otra, la que pondría en evidencia el fracaso del parlamentarismo español: dejar correr el tiempo hasta que el rey decrete la celebración de nuevas elecciones el 26 de junio. Desgraciadamente, esta última hipótesis puede tener unas consecuencias históricas en la historia democrática española. El reparto de escaño podría ser similar al actual, donde izquierda ni derecha fuesen capaz de sumar por separado. Con todo, las negociaciones para formar Gobierno volverían a extenderse y, quizás, llegaríamos a septiembre sin Ejecutivo. ¿Se lo imaginan? Pues es más probable de lo que parece. Si Suárez levantara la cabeza…

 

Bochorno parlamentario

Negociaciones retransmitidas en directo cual comedia de televisión, lista de ministros sin presidente, desafíos y desprecios a su hipotético compañero de cama… ¿De verdad quiere pactar Podemos con el PSOE?

No, en absoluto. El único objetivo de Pablo Iglesias es llevar a los socialistas a unas nuevas elecciones en las que tendrían todas las papeletas para sobrepasarlos en votos y escaños. No hay voluntad real de acuerdo. Los mismos que ayer gritaban en la calle que PP y PSOE formaban parte de la “maldita casta” ahora ofrecen a Pedro Sánchez una cesta repletas de manzanas podridas. Pero en Ferraz, que ven el moho de la manzana desde lejos, se resisten a tomar una decisión. Un pacto con Podemos, aceptando el derecho de autodeterminación de las regiones y entregando carteras tan fundamentales como Defensa, Justicia o Economía sería insoportable para un Sánchez presionado por la vieja guardia de centro izquierda socialista. Por contra, un pacto con el PP significaría su muerte prematura, mientras que unas nuevas elecciones confirmarían su fracaso al frente del partido.

Por si eso fuera poco, Rajoy, que en ocasiones sorprende con una grata lucidez, decidía renunciar a presentarse al debate de no-investidura, cuando el rey se lo había ofrecido en la Zarzuela. En el PP quieren que sea Sánchez quien acuda al Congreso de forma prematura, sin haber cerrado un pacto con Podemos e Izquierda Unida. Así, su fracaso parlamentario llevaría a Rajoy a volver a intentar ese “Gobierno de amplio espectro” que, solo quizás, se podría encarar en otras circunstancias (Susana).

Y, mientras, Ciudadanos intenta llamar la atención con sucesivos cambios de discursos una vez han chocado con la pared de la insuficiente representación parlamentario. Los 40 votos naranjas, tal y como están planteadas las cosas a día de hoy, no sirven para nada. Por ello, no es raro ver estos días a un Rivera nervioso que se teme lo peor, unas elecciones en mayo que lo aboquen a unos resultados aún peores.

El nuevo escenario político arrojado por las urnas el pasado 20 de diciembre pedía ser encarado con responsabilidad y coherencia. Los que pretendían que esto fuese una segunda Transición han sido aplastados por la triste realidad. ¿Cómo osamos compararnos con los padres del consenso posfranquista? Lo de este 2016 es un espectáculo lamentable de tal calibre que difícilmente puede concitar acuerdos históricos.

Esto no fue lo que votamos en diciembre.