Adéu

Se va Mas. Por lo menos, se va de momento, porque ya ha dicho que da “un paso a un lado” pero sin abandonar la política. Aún no ha aclarado si dejará o no su acta de diputado en el Parlament. Lo que ya es seguro es que el president dejará este domingo el gobierno catalán como si de un mártir se tratase, facilitando (o eso debemos suponer) la continuidad de la vía separatista.

El que acabó con casi 40 años de federación de CiU, el que partió por la mitad a la fantasmagórica Unió, el que dividió a la CUP y, en definitiva, el que enfrentó entre sí al pueblo catalán, se marcha de la primera plana. Mañana habrá un nuevo president mientras el Estado sigue en pausa: Diputación Permanente en ambas cámaras legislativas y Gobierno en funciones.

La hoja de ruta independentista prevé hacer efectiva la secesión catalana en 18 meses. Entre tanto, un nuevo Gobierno de España deberá nacer y gestionar la crisis al otro lado del Ebro; objetivo solo asumible con estabilidad política. Y eso, a día de hoy, parece más una quimera que una opción factible.

De momento, Mas se va.

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Así somos

Rajoy
Foto: El Huffington Post

Esta es España. Un país en el que una minoría significativa proclama orgullosa su intención de saltarse las leyes mientras el Gobierno amenaza con sanciones que sabe aquellos que no cumplirán.

Un país en el que un partido con aspiraciones a liderar un Estado alberga entre sus filas diputados independentistas catalanes o canarios, se alía con la izquierda abertzale y pretende desgajarse en cuatro grupos parlamentarios en la misma cámara.

Un país donde el presidente de la radiotelevisión pública presume sin complejos su afinidad ideológico con el partido que lo ha puesto en el cargo y donde, peor aún, la máxima autoridad judicial estuvo afiliado al partido del Gobierno.

Así es España. Tan rara, tan distinta, tan graciosa.

“Per xula ella, xulos nosaltres”

Suma y sigue la tensión en el Parlament de Catalunya. Las discrepancias políticas que está desatando el procés amenazan con extenderse al terreno de lo personal, aspecto que incluso debería preocupar más que el político, por mucho que la secesión de un país esté en juego.

Esta noche quiero quedarme con las declaraciones del portavoz del PP en el Parlament al enterarse de las medidas partidistas que está tomando la presidenta de la cámara. “Para chula ella, chulos nosotros”. No nos queda nada…

La tarea se trae hecha de casa

Rajoy Moncloa

A todos nos ha pasado más de una vez. Por uno u otro motivo, llegamos a clase y, justo cuando el profesor entra por la puerta, nos percatamos de que se nos ha olvidado hacer un ejercicio o, para mayor tragedia, toda la tarea. Entonces, cual correcaminos, intentamos enmendar el error a toda prisa y hacer los deberes como bien podamos, antes de que el profe nos pille con las manos en la masa. Lo que se dice hacer las cosas al trancazo, vamos.

Lo mismo le ha pasado a Rajoy esta semana. Tuvo que escuchar un “viva la república catalana” en el Parlament y presenciar el comienzo de la desconexión soberanista con el Estado para ponerse las pilas. El profesor dio tiempo de sobra a sus alumnos para hacer la tarea con calma y cuidado —tres años, concretamente—, pero el presidente del Gobierno no se dio por enterado hasta que sonó el timbre para entrar en clase. Ahora, deprisa y corriendo, Rajoy está convocado a todos los líderes de los partidos políticos en la Moncloa para buscar aliados frente al independentismo catalán. Está con la soga al cuello. El examen final está fijado para el 20 de diciembre y, si no intenta arreglar las cosas, se puede encontrar con un 5 raspado que, vaya por Dios, puede que no le dé para la nota media.

¿Sirve realmente de algo citar a Sánchez, Rivera, Iglesias, Cospedal, Garzón, Herzog y Duran i Lleida? Tres de ellos no están por la labor de cerrarse en banda ante el independentismo, mientras que el resto (obviando la lealtadad de su secretaria general) defiende la unidad de España a través de una reestructuración del Estado? Federico Quevedo escribía este viernes en El Confidencial que la reacción del presidente del Gobierno sobre Cataluña puede otorgarle en diciembre una cómoda representación en el Congreso que le permita repetir mandato, no descartando, incluso, revalidar la mayoría absoluta. Tengo mis dudas. Hacer la tarea a última hora no suele, por lo general, sacar el curso con un sobresaliente.

Las dos Cataluñas

Que la sociedad catalana estaba dividida por culpa del Procés era evidente. Las elecciones autonómicas del 27 de septiembre no hicieron más que confirmarlo y la constitución del Parlament este lunes ha vuelto a incidir en ello. El punto álgido ha sido el discurso de la nueva presidenta, Carme Forcadell. A pesar de que recalcó varias veces que iba a ser la presidenta de toda Cataluña y que iba a respetar la pluralidad de la cámara legislativa, las constantes referencias a la deriva soberanista, la proclamación del final de la autonomía y el cierre del discurso con un “viva la república catalana” (con la bandera española de fondo) han indicado claramente cuál va a ser su función de aquí en adelante.

Su discurso fue contestado con una sonora ovación en el ala izquierda del hemiciclo. Los 72 diputados de Junts pel Sí y la CUP aplaudieron a Forcadell puestos en pie. El contraste estaba en la derecha, el otro “bando”, como muchos se empeñan en recalcarlo. Los diputados no separatistas permanecieron impertérritos en sus escaños, sin levantarse y con cara de circunstancias.

La legislatura en Cataluña no ha hecho más que comenzar y ya ha quedado de manifiesto que los diputados de Ciutadans, PSC, PP y, en menor medida, Cataluña Sí que es Pot, van a pasarlas canutas durante su estancia en el palacio barcelonés de la Ciutadella. Con mayoría absoluta independentista en el Pleno y en la Mesa, poco podrán hacer cuando lleguen las mociones y leyes claves de esta nueva etapa que hoy se ha abierto al otro lado del Ebro.

Y todavía Mas sigue en funciones.

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Foto: Carles Badia/El Nacional.cat

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