Cómo evitar unas (malditas) terceras elecciones

Debate a cuatro

Visto lo visto en el que se presumía un histórico debate a cuatro entre los líderes de PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos, las opciones para formar un Gobierno (por muy débil que este sea) a partir del próximo 27 de junio son muy limitadas. Si, a tenor de las últimas encuestas, Podemos confirma el sorpasso a los socialistas, las complicaciones son aún mayores.

Partiendo de que Pedro Sánchez asegura por activa y por pasiva que no pactará con el PP, y que Podemos y Ciudadanos son incompatibles, constituir un Ejecutivo en verano con sorpasso incluido pasa irremediablemente por:

  • Un Gobierno del PP con el beneplácito, pasivo o activo, de Ciudadanos y PSOE, pero sin Sánchez al frente de los socialistas y, muy probablemente, con Rajoy fuera de la Moncloa.
  • Un Gobierno de PSOE y Ciudadanos, reeditando el pacto de marzo, con la abstención del PP o de Podemos, si aceptan, eso sí, el reto de Jordi Sevilla:
  • Un Gobierno de Podemos y PSOE, o de Podemos en solitario, certificando la muerte de la socialdemocracia histórica española.

Tres opciones casi surrealistas que, de una u otra forma, marcarían la historia del país. Solo quedaría una bala en la recámara para conformar, quizás, la alternativa más factible: que no hubiese sorpasso y el PSOE estuviese dispuesto a incorporar a Podemos a un Gobierno presidido por un socialista… ¿por cuánto tiempo?

Hagan sus apuesta. Ya queda poco.

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Ganas de llorar

Facepalm

Aún con apenas cuatro meses de recorrido, 2016 va camino de ser recordado en nuestro país como el año del fracaso colectivo. Más de 100 días después de las elecciones generales, España sigue sin Gobierno. Peor todavía: España se prepara para volver a las urnas. Apunten (si no lo han hecho ya) la fecha del 26 de junio en sus agendas. Si puede ser, dejen las vacaciones para julio o agosto, porque lo más probable a día de hoy es que ese domingo veraniego tengamos que acudir a meter dos sobres en sendas urnas. Eso sí, el contenido de ambos se antoja más impredecible que nunca.

Los ilusos que aún soñábamos con un llegar a un acuerdo en estas semanas hemos visto tirada por la borda toda esperanza tras la penosa reunión a tres entre los partidos llamados a cambiar el rumbo del país. Ni el PSOE, Ciudadanos, ni desde luego Podemos, han sido capaces de anteponer sus intereses partidistas a los de su país. Al menos ese es el aroma que se desprende. Mientras, en el Partido Popular contemplan con honda satisfacción el irremediable transcurso del tiempo, lamentablemente esperanzados de que unas nuevas elecciones traigan consigo un aumento de la abstención y beneficien a la formación más votada: ellos.

Así las cosas, no es de extrañar que la sensación de coger las maletas y salir corriendo de este denostado país aumenten conformen pasan los días. No es descartable cualquier jugada maestra de última hora (véase Cataluña), pero la realidad constata una España herida, fracasada por su sistema político, cuyos protagonistas ya se han apresurado a señalar culpables ante el adelantado electoral. Afortunadamente, la última palabra las tenemos nosotros. Ya nos encargaremos próximamente de señalar democráticamente a los responsables. Quizás los de arriba se sorprendan.

Abocados al desastre

Investidura Pedro Sánchez

“Dicen los viejos que hacemos lo que nos da la gana, y no es posible que así pueda haber Gobierno que gobierne nada.”

Jarcha, 1976

Nunca un candidato a la Presidencia del Gobierno cosechó en un debate de investidura la demoledora cifra de 219 noes. El fracaso de Pedro Sánchez en este gris 2 de marzo amenaza no solo con repetirse el viernes, sino con prorrogarse en el tiempo. Los duros rifirrafes vivimos en el hemiciclo entre el candidato socialista y Mariano Rajoy alejan mucho la posibilidad de una abstención futura del PP para facilitar el arranque efectivo de la legislatura. Y, también, los reproches de Pablo Iglesias, que llegó a acusar a Felipe González de tener “el pasado manchado de cal viva” por el caso de los GAL, hacen difícil imaginar una convivencia amena entre Podemos y PSOE en un hipotético “Gobierno de las fuerzas del cambio”.

Acaba de comenzar a correr la cuenta atrás hasta el 2 de mayo, pero en el día 1 antes de la disolución de las Cortes se han esfumado muchas esperanzas de acuerdo. Ciudadanos no conseguirá la abstención del PP salvo que la corrupción se lleve por delante a Rajoy, algo improbable porque en su partido nadie se atreve a toserle en público. Y el pacto de izquierdas, además de no sumar sin contar con los independentistas catalanes, no tiene viso de llegar a buen término. Ni el PSOE quiere a Pablo Iglesias ni Podemos quiere a los socialistas.

Por tanto, la duda ahora es saber cuál será el próximo paso. Una opción es que Ferraz se cargue a Sánchez. La otra, la que pondría en evidencia el fracaso del parlamentarismo español: dejar correr el tiempo hasta que el rey decrete la celebración de nuevas elecciones el 26 de junio. Desgraciadamente, esta última hipótesis puede tener unas consecuencias históricas en la historia democrática española. El reparto de escaño podría ser similar al actual, donde izquierda ni derecha fuesen capaz de sumar por separado. Con todo, las negociaciones para formar Gobierno volverían a extenderse y, quizás, llegaríamos a septiembre sin Ejecutivo. ¿Se lo imaginan? Pues es más probable de lo que parece. Si Suárez levantara la cabeza…

 

Pactito hacia la izquierda

Pedro-Sanchez-Albert-Rivera-acuerdo

Centro-izquierda y centro-embarrado se han puesto manos a la obra. El pacto de legislatura (¿y algo más?) suscrito entre el PSOE y Ciudadanos es ambicioso y sería bastante prometedor si no fuera por el capricho de la aritmética parlamentaria que lleva desde el 2 de febrero diciendo lo mismo: Pedro Sánchez no suma para formar Gobierno. No, no y no. El candidato socialista sigue sin contar con los apoyos suficientes para alcanzar la Moncloa. El acuerdo con Albert Rivera es, sin duda, interesante e innovador, pero amenaza con quedar en agua de borrajas si Ferraz no consigue la abstención del Partido Popular o Podemos.

Repasemos los números. Hasta la fecha, Pedro cuenta con 131 votos, a saber: los 89 diputados del grupo socialista, los 4o de Ciudadanos, el voto de Nueva Canarias (que concurrió junto con los socialistas en las elecciones de diciembre) y el de Coalición Canaria (que se da por hecho aunque tendrá que ratificarse este sábado). Insuficiente e imposible que el próximo 2 de marzo obtenga los 176 síes de la añorada mayoría absoluta. La fecha clave es, por tanto, 48 horas después. El sábado, 5 de marzo, Pedro Sánchez podría convertirse en el séptimo presidente de la reciente democracia española si Rajoy o Iglesias hicieran la vista gorda y se abstuvieran.

¿Y cómo conseguir esas abstenciones? Con el acuerdo de gobierno presentado este miércoles. Una lectura más o menos detallada del documento refleja su clara orientación izquierdista que, en una situación lógica, bastaría para que Podemos facilitase la investidura de Sánchez. Sí, en una situación lógica, adjetivo que, en lo que llevamos de año, no puede aplicarse al partido morado. Podemos quiere nuevas elecciones y no va a parar hasta conseguirlas.

Así las cosas, la otra opción es la abstención del PP, algo en teoría aún más difícil por varios motivos: porque implicaría dejar gobernar a un partido que perdió las elecciones y cosechó el peor resultado de la democracia, porque el desprecio de los socialistas ha sido constante y porque, simplemente, es el PSOE. Ciudadanos tiene ahora la difícil tarea de conseguir hacer cambiar de opinión a los populares, pero la cosa pinta bastante mal.

De momento, el primer gran paso hacia la investidura del soldado Sánchez está dado con el “acuerdo para un gobierno reformista y de progreso”. En los próximos días sabremos si los líderes políticos continúan despejando el camino o si, por el contrario, son incapaces de avanzar a causa de la vegetación y las fieras de la selva.

Bochorno parlamentario

Negociaciones retransmitidas en directo cual comedia de televisión, lista de ministros sin presidente, desafíos y desprecios a su hipotético compañero de cama… ¿De verdad quiere pactar Podemos con el PSOE?

No, en absoluto. El único objetivo de Pablo Iglesias es llevar a los socialistas a unas nuevas elecciones en las que tendrían todas las papeletas para sobrepasarlos en votos y escaños. No hay voluntad real de acuerdo. Los mismos que ayer gritaban en la calle que PP y PSOE formaban parte de la “maldita casta” ahora ofrecen a Pedro Sánchez una cesta repletas de manzanas podridas. Pero en Ferraz, que ven el moho de la manzana desde lejos, se resisten a tomar una decisión. Un pacto con Podemos, aceptando el derecho de autodeterminación de las regiones y entregando carteras tan fundamentales como Defensa, Justicia o Economía sería insoportable para un Sánchez presionado por la vieja guardia de centro izquierda socialista. Por contra, un pacto con el PP significaría su muerte prematura, mientras que unas nuevas elecciones confirmarían su fracaso al frente del partido.

Por si eso fuera poco, Rajoy, que en ocasiones sorprende con una grata lucidez, decidía renunciar a presentarse al debate de no-investidura, cuando el rey se lo había ofrecido en la Zarzuela. En el PP quieren que sea Sánchez quien acuda al Congreso de forma prematura, sin haber cerrado un pacto con Podemos e Izquierda Unida. Así, su fracaso parlamentario llevaría a Rajoy a volver a intentar ese “Gobierno de amplio espectro” que, solo quizás, se podría encarar en otras circunstancias (Susana).

Y, mientras, Ciudadanos intenta llamar la atención con sucesivos cambios de discursos una vez han chocado con la pared de la insuficiente representación parlamentario. Los 40 votos naranjas, tal y como están planteadas las cosas a día de hoy, no sirven para nada. Por ello, no es raro ver estos días a un Rivera nervioso que se teme lo peor, unas elecciones en mayo que lo aboquen a unos resultados aún peores.

El nuevo escenario político arrojado por las urnas el pasado 20 de diciembre pedía ser encarado con responsabilidad y coherencia. Los que pretendían que esto fuese una segunda Transición han sido aplastados por la triste realidad. ¿Cómo osamos compararnos con los padres del consenso posfranquista? Lo de este 2016 es un espectáculo lamentable de tal calibre que difícilmente puede concitar acuerdos históricos.

Esto no fue lo que votamos en diciembre.