Fin de ciclo

Después del histórico debate a 4 de Atresmedia, el cara a cara entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez organizado por la Academia de la Televisión estaba avocado a pasar a un segundo plano. No fue así; al contrario, centró toda la atención de este lunes y superó en audiencia al debate de Atresmedia (si bien es cierto que fue emitido por muchas más cadenas). Sin embargo, la repercusión del mismo se traduce en la más absoluta negatividad. No somos pocos los que ayer, Twitter en mano, asistimos al acta de defunción del viejo bipartidismo en España. En todos los ámbitos de nuestra sociedad se está dando por descontado que este país no volverá a ser el mismo a partir del 20 de diciembre, pero espectáculos como el de anoche lo confirman.

Todo salió a pedir de boca de Podemos y Ciudadanos. Con no poco atino, podríamos haber pensado que los impulsores del cara a cara fueron precisamente los dos grandes ausentes. Pablo y Albert deben estar aún frotándose las manos tras ver al presidente del Gobierno y al líder de la oposición parlamentaria arrojarse los trastos a la cabeza, insultos mediante, y con un gran saco de argumentos para que ese gran porcentaje de la población indecisa tuviese claro de aquí al domingo por qué partidos no debe votar bajo ningún concepto. El lamentable espectáculo de anoche solo pareció contentar a los simpatizantes y aduladores de turno, aquellos que se limitan a reproducir en las redes sociales las frases de sus jefes como si de las taquígrafas del Congreso se tratasen.

Pero no solo fue culpa de los candidatos. La Academia de la Televisión también quiso poner su granito de arena para que la noche del 14 de diciembre pasase a la historia. La realización del programa puso de manifiesto la analogía en la que han sucumbido los académicos. No se escapó ni Manuel Campo Vidal, un maestro del periodismo que parece haberse quedado en los dulces años 80 y no haber traspasado la barrera del nuevo milenio.

En definitiva, si algún joven español desea introducirse en el aparatoso mundo de la política y todo lo que le rodea, el cara a cara de ayer es el mejor antídoto para impedírselo. Tranquilos, todo acaba y empieza el domingo.

Cambio de cartas

A estas alturas de la película electoral a pocos sorprende la decisión de Mr Rajoy de huir de los debates a cuatro con Sánchez, Rivera e Iglesias. Sin embargo, no es menos cierto que la postura del aún presidente del Gobierno choca con aquellas afirmaciones de los líderes populares reconociendo, tras el batacazo autonómico y municipal de mayo, que les había “faltado piel”. ¿Qué lógica tiene lamentar la poca capacidad de comunicación y, meses después, esquivar los debates electorales con sus principales adversarios? ¿De qué sirve dejarse ver por todo un abanico de programas televisivos y radiofónicos más próximos al entretenimiento cuando el presidente de un grupo parlamentario con mayoría absoluta es incapaz de sentarse a confrontar ideas con sus rivales?

Muchos pueden ser los motivos por los que Rajoy ha rechazado participar en los debates a cuatro fijados, hasta ahora, por El PaísAtresmedia. Plasmémolos, si gustan, en una lista:

Rajoy no va al debate porque….

  • Teme someterse al todos contra él.
  • No goza de la capacidad oratoria de Sánchez, Rivera e Iglesias.
  • El contraste generacional sería sonrojante.
  • Soraya será la líder de la oposición en la próxima legislatura.
  • Soraya es realmente quien controla el programa electoral del PP.
  • Soraya, en definitiva, es mejor.

Sí, pero… ¿Soraya da más votos que Rajoy? Las elecciones generales en España son percibidas por la inmensa mayoría de la población como unas elecciones presidenciales. Soraya va de número 2 al Congreso por Madrid. Los votantes del PP acudirán a las urnas pensando en Rajoy, no en ella, por lo que sería lógico que la persona que diera la cara en campaña fuera el presidente del partido.

Puede que a estas alturas se hayan hecho un lío como yo y no sepan si la ausencia de Rajoy beneficia a los otros tres o les perjudica por la mejorada imagen que dará la vicepresidenta del Gobierno. ¿Saben qué? Esperemos al próximo 7 de diciembre. Tres hombres se batirán a duelo contra una sola mujer. ¿Saldrá triunfante de cara a los próximos cuatro años?

Tres cuartos

Debate El País
Foto: El País / Paula Casado

Solo queda un mes —¿ya?— para las elecciones generales. El tiempo se ha echado encima y ya están aquí los debates. Hoy se ha hecho público que el primero de ellos, de los fuertes, será el que organice El País el próximo 30 de noviembre Con un formato innovador, internet servirá de plataforma interactiva para acercar a los espectadores las propuestas de tres de los cuatro principales partidos. Sí, solo tres, porque el PP ha declinado participar. Atrás quedó aquello de “no hemos sabido comunicar”, porque parece claro que Rajoy está dispuesto a debatir exclusivamente con Pedro Sánchez. De hecho, si por él fuera, ni siquiera lo haría. El presidente ya ha confesado que su principal rival es él mismo y por todos es conocido su gran predisposición a meter la pata en locuciones sin guion, a pesar del zarpazo que le pegó a Rubalcaba en 2011.

Así pues, el próximo domingo asistiremos a un interesantísimo debate entre Pablo Iglesias, Albert Rivera y Pedro Sánchez. Los líderes de Podemos, Ciudadanos y PSOE acudirán a El País para exhibir sus grandes proyectos para la España del futuro inminente y, de paso, cargar contra los cuatro años de Gobierno popular. Precisamente eso es lo que quiere evitar a toda costa Rajoy, un todos contra él. La gran duda ahora está en ver si esconderse de los debates a más de dos le servirá para algo. El sentido común dice que no, que más bien le pasará factura. Por cierto, Pedro Sánchez ya ha aceptado celebrar dos debates más, ya en campaña, con Rivera e Iglesias, uno en Mediaset y otro en Atresmedia. ¿Qué hará Rajoy?

Mucho más que una flor

cementerio Los Silos

Se nos fueron. De manera repentina o paulatinamente. El caso es que ya no están entre nosotros y estos días sus rostros nos vienen a la mente con bastante mayor frecuencia que durante el resto del año. Celebrar el día de Todos los Santos y/o el de los Difuntos (1 y 2 de noviembre) no significa acudir al cementerio a ponerle una flor a mi/tu abuelo, padre o amigo. Significa volver a decirles que, allá donde estén, deben sentirse queridos por su recuerdo aún sigue presente en nosotros.

Y sí, ir al cementerio está muy bien. Además, la paz que se respira en ese camposanto —qué fusión de palabras tan bien escogida— no viene nada mal para alejarnos de la agotadora rutina que nos consume día tras día. Pero no haríamos justicia con nuestros seres queridos contentándonos con pasar a visitar sus restos. Ellos se merecen algo mejor, y nosotros tenemos el deber de dárselos.