Ganas de llorar

Facepalm

Aún con apenas cuatro meses de recorrido, 2016 va camino de ser recordado en nuestro país como el año del fracaso colectivo. Más de 100 días después de las elecciones generales, España sigue sin Gobierno. Peor todavía: España se prepara para volver a las urnas. Apunten (si no lo han hecho ya) la fecha del 26 de junio en sus agendas. Si puede ser, dejen las vacaciones para julio o agosto, porque lo más probable a día de hoy es que ese domingo veraniego tengamos que acudir a meter dos sobres en sendas urnas. Eso sí, el contenido de ambos se antoja más impredecible que nunca.

Los ilusos que aún soñábamos con un llegar a un acuerdo en estas semanas hemos visto tirada por la borda toda esperanza tras la penosa reunión a tres entre los partidos llamados a cambiar el rumbo del país. Ni el PSOE, Ciudadanos, ni desde luego Podemos, han sido capaces de anteponer sus intereses partidistas a los de su país. Al menos ese es el aroma que se desprende. Mientras, en el Partido Popular contemplan con honda satisfacción el irremediable transcurso del tiempo, lamentablemente esperanzados de que unas nuevas elecciones traigan consigo un aumento de la abstención y beneficien a la formación más votada: ellos.

Así las cosas, no es de extrañar que la sensación de coger las maletas y salir corriendo de este denostado país aumenten conformen pasan los días. No es descartable cualquier jugada maestra de última hora (véase Cataluña), pero la realidad constata una España herida, fracasada por su sistema político, cuyos protagonistas ya se han apresurado a señalar culpables ante el adelantado electoral. Afortunadamente, la última palabra las tenemos nosotros. Ya nos encargaremos próximamente de señalar democráticamente a los responsables. Quizás los de arriba se sorprendan.

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