Bochorno parlamentario

Negociaciones retransmitidas en directo cual comedia de televisión, lista de ministros sin presidente, desafíos y desprecios a su hipotético compañero de cama… ¿De verdad quiere pactar Podemos con el PSOE?

No, en absoluto. El único objetivo de Pablo Iglesias es llevar a los socialistas a unas nuevas elecciones en las que tendrían todas las papeletas para sobrepasarlos en votos y escaños. No hay voluntad real de acuerdo. Los mismos que ayer gritaban en la calle que PP y PSOE formaban parte de la “maldita casta” ahora ofrecen a Pedro Sánchez una cesta repletas de manzanas podridas. Pero en Ferraz, que ven el moho de la manzana desde lejos, se resisten a tomar una decisión. Un pacto con Podemos, aceptando el derecho de autodeterminación de las regiones y entregando carteras tan fundamentales como Defensa, Justicia o Economía sería insoportable para un Sánchez presionado por la vieja guardia de centro izquierda socialista. Por contra, un pacto con el PP significaría su muerte prematura, mientras que unas nuevas elecciones confirmarían su fracaso al frente del partido.

Por si eso fuera poco, Rajoy, que en ocasiones sorprende con una grata lucidez, decidía renunciar a presentarse al debate de no-investidura, cuando el rey se lo había ofrecido en la Zarzuela. En el PP quieren que sea Sánchez quien acuda al Congreso de forma prematura, sin haber cerrado un pacto con Podemos e Izquierda Unida. Así, su fracaso parlamentario llevaría a Rajoy a volver a intentar ese “Gobierno de amplio espectro” que, solo quizás, se podría encarar en otras circunstancias (Susana).

Y, mientras, Ciudadanos intenta llamar la atención con sucesivos cambios de discursos una vez han chocado con la pared de la insuficiente representación parlamentario. Los 40 votos naranjas, tal y como están planteadas las cosas a día de hoy, no sirven para nada. Por ello, no es raro ver estos días a un Rivera nervioso que se teme lo peor, unas elecciones en mayo que lo aboquen a unos resultados aún peores.

El nuevo escenario político arrojado por las urnas el pasado 20 de diciembre pedía ser encarado con responsabilidad y coherencia. Los que pretendían que esto fuese una segunda Transición han sido aplastados por la triste realidad. ¿Cómo osamos compararnos con los padres del consenso posfranquista? Lo de este 2016 es un espectáculo lamentable de tal calibre que difícilmente puede concitar acuerdos históricos.

Esto no fue lo que votamos en diciembre.

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Adéu

Se va Mas. Por lo menos, se va de momento, porque ya ha dicho que da “un paso a un lado” pero sin abandonar la política. Aún no ha aclarado si dejará o no su acta de diputado en el Parlament. Lo que ya es seguro es que el president dejará este domingo el gobierno catalán como si de un mártir se tratase, facilitando (o eso debemos suponer) la continuidad de la vía separatista.

El que acabó con casi 40 años de federación de CiU, el que partió por la mitad a la fantasmagórica Unió, el que dividió a la CUP y, en definitiva, el que enfrentó entre sí al pueblo catalán, se marcha de la primera plana. Mañana habrá un nuevo president mientras el Estado sigue en pausa: Diputación Permanente en ambas cámaras legislativas y Gobierno en funciones.

La hoja de ruta independentista prevé hacer efectiva la secesión catalana en 18 meses. Entre tanto, un nuevo Gobierno de España deberá nacer y gestionar la crisis al otro lado del Ebro; objetivo solo asumible con estabilidad política. Y eso, a día de hoy, parece más una quimera que una opción factible.

De momento, Mas se va.

Respetémoslos

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Foto: EFE

Es muy triste que situaciones tan loables como la sustitución de la zona VIP por una para discapacitados en la cabalgata de Reyes madrileña queden ensombrecidas por decisiones inoportunas, incomprensibles y, sobre todo, innecesarias.

Efectivamente, me refiero al brusco cambio en la puesta de escena del desfile del 5 de enero por la capital de España. A estas alturas de la película pocas dudas quedan de que cambiar a Melchor por Merlín —digan lo que digan, ese señor era mago, pero no rey—o vestir a Gaspar con un traje de Ágatha Ruiz de la Prada tienen un trasfondo político. Ahora Madrid, el partido que gobierna el Ayuntamiento capitalino, lleva meses afanándose por limpiar todo rastro de la anterior gestión pepera en el consistorio. No cabe duda de que en muchísimas cosas es necesario hacerlo, pero me pregunto si el juego político debe trasladarse a un día tan ilusionante como la Víspera de Reyes.

No se equivoquen, una cabalgata nada tiene que ver con la política. Los miles de niños que abarrotan cada año el Paseo de la Castellana lo hacen para ver de cerca a sus héroes, a sus magos, no a aplaudir o abuchear a Manuela Carmena. Por mucho que se quiera borrar toda huella religiosa y aunque desconozcan el significado de la palabra Epinafía, por favor, respetemos a los niños.